miércoles, 31 de mayo de 2017

Norman: el hombre que lo conseguía todo


Norman: el hombre que lo conseguía (casi) todo

Viendo esta película no he podido evitar acordarme del carismático hombre de negocios Edward Lewis, personaje al que Richard Gere dio vida en la inolvidable Pretty woman. ¿Cómo sería su vida 27 años después? Pues bien, yo me hago ilusiones y quiero pensar que Joseph Cedar, guionista y director ha querido darme respuesta con su filme Norman, el hombre que los conseguía todo, aunque vaya, seguro que no tiene nada que ver.


En esta película, Richard Gere da vida a Norman Oppenheimer, un hombre de negocios que parece no  estar en su mejor momento pero eso sí,  persistente como él solo, con mucha labia y don de gentes, capaz de ponerse en contacto con las altas esferas y de crear relaciones entre sí a base de charlatanería y promesas vacías. Norman parece conocer a todo el mundo, pero nadie conoce a Norman, no sabemos nada de su pasado, ni siquiera de su presente, y esto es algo que lo convierte en un personaje tan interesante como enigmático. Norman un día “hace panda” con un político del gobierno hebreo, que a los tres años acaba siendo primer ministro, esto hace que la película despegue y que la vida de nuestro protagonista cambie totalmente y  entre en una vorágine de negocios, llamadas, reuniones, favores y sobre todo mentiras, muchas mentiras.

Lo más destacable de la cinta de Cedar es el propio Richard Gere, que pese a no ser santo de mi devoción, alcanza una de sus cotas más altas como actor en su interpretación, en la que por fin deja de mostrar esa carita de “soy madurito guapete, lo sé, pero hago como que no” y que pese a la dificultad de interpretar a un personaje tan misterioso consigue que la película funcione y que uno mantenga el interés durante sus casi dos horas de duración. Sin embargo la complejidad del argumento de la película y su enrevesado (y a veces caótico) guión, hace que uno se pierda a ratos y se ponga a pensar en un bizcochito bailando twist. A todo esto hay que añadir que el gran número de secundarios, que pese a ser representados muy correctamente por interpretes de la talla de Steve Buscemi, Michael Sheen o Charlotte Gainsbourg, terminan siendo meras marionetas de una enrevesada trama que hace que se pierdan en el olvido. Todo esto enderezado con una banda sonora que parece sacada de una comedia de Woody Allen y una realización correcta pero no destacable convierten a esta película en una de esas obras que se quedan a medias y terminen siendo una de esas que si la ves bien, pero si no, bien también.

Ya saben, si quieren ver a un Richard Gere crepuscular y en estado de gracia compren palomitas y pónganse a la cola para ver  Norman, el hombre que lo conseguía todo y déjense llevar durante el visionado de la misma. Eso sí, olvídenla lo antes posible, que no hay tanto espacio en la cabeza como para guardar tanta película.

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