miércoles, 18 de enero de 2017

Lion -- No Hay Cine Sin Palomitas

Cosas bien hechas

Qué bien le sienta a 'Lion' tomarse su tiempo para arrancar. Su presentación de personajes se encarga de situarnos en medio de un torbellino de acción, uno que no cesa de dar información a un ritmo constante; poseyendo a su vez una melancolía que provoca un sosiego dulce que choca con la crudeza mórbida que muestra de la Inda. En definitiva, la crudeza de este mundo. 

El montaje final de esta película tiene mérito, pues aunque las casi dos horas se pasan en un suspiro, es en el primer tercio donde la película te da un bofetón que te enamora. Es un engranaje en el que no falla absolutamente nada. La química entre los niños es sobrecogedora, la angustia que sufren, también. Sabemos que es una historia real, pero observamos el periplo del protagonista con el corazón en un puño porque todo salga bien. 

La fotografía es quizá la parte más claramente diferenciada, pues los ocres ceden a los pastel una vez que la acción pasa a Australia, haciendo todo un poco más occidental y aburrido. En este punto la película se pone en modo automático durante el segundo tercio contando subtramas relacionadas de interés relativo. La vida de un aussie burgués es un paseo en barca comparado con la emoción de la lucha por la supervivencia en el Tercer Mundo. Nicole Kidman está espléndida, los personajes desvencijados y empedernidos le sientan como un guante. La Kidman que no es Kidman es la que gusta. Es lo único que salva al espectador henchido de emociones del primer tercio, de caer en la impaciencia en algunas escenas.

Pese a los altibajos de esa parte el texto no afloja en ritmo. Desliza la madeja para presentar un tercer acto casi a la altura del primero, llevando nuevamente al espectador a un vaivén de emociones elaborado para provocar la catarsis prevista desde el comienzo, con las emociones convergiendo en un final abrupto escondido entre un ornamento delicioso que no molesta. Pero sí, el montaje en los cines es el acertado. 

Habría sido una pérdida inexorable perder más metraje del comienzo para dejar la película en hora y media transformándola en un melodrama del montón. Menos mal que Spielberg no tiene nada que ver con esta maravilla. No es sobresaliente, pero no lo necesita. Logra su propósito holgadamente. El género de madre tiene aquí a un exponente perfecto. Es la 'Brooklyn' de 2017. Recomendada para ponérsela a tu madre un domingo por la tarde mientras tomáis cafés y milhojas de nata, culminando el visionado con un "mamá" escrito con palomitas en la mesa auxiliar mientras lloráis abrazados. 

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