viernes, 2 de septiembre de 2016

'El Principito'

Magia al cincuenta por ciento

Hay que reconocer el mérito de llevar al cine El Principito. Toda gran adaptación cinematográfica conlleva una gran responsabilidad, que diría el tío Ben si fuera productor. Con iconos modernos que cimentan los sentimientos bondadosos de generaciones enteras, hay que tener mucho valor.

No mentiría si aseguro que fui al cine algo acojonado. A ver qué han hecho. El ceño casi fruncido del principio tornó en una sonrisa que perduró un largo tiempo. Asistimos a una introducción que podría ser el comienzo de cualquier película de animación de presupuesto limitado. Decente, pero olvidable. Para suerte nuestra, no  tarda en llegar la sosegante e inusitada sorpresa que es descubrir cómo han introducido el libro, con esa historia entrañable; una trama minimalista en pos de dejar al libro brillar por sí mismo, sin prisas. Sin aspavientos. De lo fútil a lo místico.

La primera parte de la película navega entre la trama de la película en sí y las escenas del libro. El guion fluctúa sin pudor entre lo onírico y lo "real" del mundo de la película. Emplear dos técnicas de animación diferentes es una declaración de intenciones, pero también un recurso que le sienta como un guante al conjunto. Es una verdadera delicia ver narrados los pasajes del libro con unas imágenes tan bonitas, con un uso del color que transporta a ese mundo que hemos imaginado casi todos alguna vez en nuestras vidas.

La pega de esta primera parte son algunas escenas relacionadas con la historia de la película. Aunque los pasajes del libro están introducidos de una manera totalmente orgánica que no desentona, la manera de plantear la situación es con un conjunto de recursos manidos hasta la saciedad. Por no hablar de lo planos y obvios que son los personajes, hasta los que quieren dar ternura a toda costa. Lo bueno de adaptar 'El Principito' es que nadie quiere algo original en su película.

Algo no tan salvable es el bucle de mencionar con todos los recursos posibles la famosa frase del libro. La verbalizan demasiadas veces. Está presente en carteles, discursos, metáforas, ejemplos, razón de ser del guion, de la película, de la vida, del universo. Llega a cansar.

Pese a todo, la primera parte de la película es una preciosidad. No hay otra palabra. En versión original; la musicalidad de francés con la belleza del dibujo, crean un sentimiento que acurruca al espectador ávido de pastel. Los personajes conmueven.

Han pasado muchas horas desde el visionado  y aún no entiendo cómo la segunda parte de la cinta es una catástrofe, un cataclismo, el apocalipsis. Todos los miedos con los que fui a ver la película se encarnaron en un torpe intento de desarrollar una historia mezclando las dos tramas. Explicar más esto sería entrar en spoilers.

Asistimos a una suerte de despropósitos en pos de la metáfora forzada,  unas escenas que obligan a poner los ojos en blanco ante el sopor de contemplar cómo se expone lo aprehendido la primera mitad. Como si la lucidez del equipo se hubiera invertido únicamente al inicio de sentarse a escribir. Para colmo de males, el intento de virar a la oscuridad en la historia desemboca en una paleta de colores molesta. Molesta. No hay otra palabra. Le habría sentado bien durar hora y veinte, pero dura hora y tres cuartos. Por no hablar de la cúspide del hastío, cuando el guion alcanza su estado terminal y parece que va a aparecer una animadora portando una pancarta con la dichosa frase de "Lo esencial es invisible a los ojos" en cualquier momento.

Resulta incomprensible que esto pase en una sola película. La calidad del principio hace que desentone aún más la recta final. Uno se pregunta porqué les dio por ser creativos y joder la película de esa manera. Por no hablar de que la niña protagonista se parece demasiado a un personaje de una película de Pixar. Recomendable si el proyector

de la sala se rompe a la mitad de la película o si quieres decirle al ligue de turno que puedes ser igualmente una gatita y una cerda. Coge tu bol de palomitas, póntelo en la cabeza, tápate la cara con las manos y piensa que "Lo esencial es invisible a los ojos" (x1000).





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