jueves, 2 de junio de 2016

Películas Imprescindibles. Philadelphia

La importancia de tener moral


Hubo una época no tan lejana donde había temas que eran tabú en todos los ámbitos artísticos. Quien conozca los años 70 de España sabe que el hecho de poder ver un cuerpo semi-desnudo en pantalla se volvía un acontecimiento en sí mismo, y se creó toda una corriente cinematográfica sobre ello. Por eso debemos aplaudir y reconocer cuando directores tan valientes como Jonathan Demme se atreven a llevar historias tan controvertidas al cine como la que hoy nos reúne aquí. Y es que no está de más recordar que el SIDA es una enfermedad que puede llegar a ser mortal y que nos arrebató a grandes artistas como Freddy Mercury y Rock Hudson. Injustamente relacionada con la homosexualidad por la mayoría, el SIDA no conoce de orientaciones sexuales. 

La película nos cuenta la historia de Andrew, un joven y prometedor abogado que es despedido del bufete donde trabaja después de que sus jefes se enteren de que ha contraído el sida. Entonces Andrew decide demandar a sus jefes por despido improcedente, pero no encuentra a ningún abogado que quiera representarle hasta que decide preguntarle a un ex rival negro y homófobo, pero con principios morales sólidos, con quien acaba formando una amistad.

Lo primero que destaca, es el argumento tan novedoso y comprometido que tiene la película. El SIDA era una enfermedad "nueva" en la sociedad americana y, como he dicho antes, estaba injustamente relacionada con la homosexualidad, otro tema espinoso y que aún da qué hablar. Por eso sorprende tanto que un director ya consolidado y que no necesita arriesgar como es Jonathan Demme (El Silencio de los Corderos) se atreviera a crear esta obra maestra.

Y como no es justo cargar todo el peso de calidad en una sola persona, tenemos que destacar el trabajo de guion que Ron Nyswaner hace. A pesar de encontrarnos con una película de abogados, la verdadera fuerza se encuentra en sus personajes y la evolución que sufren. Este hecho se ve perfectamente en sus escenas de juicios, donde, como el personaje de Denzel Whashington dice en un momento, no vemos ningún alarde de espectacularidad ni un giro inesperado.

Tom Hanks, quien ganó el primero de sus dos Oscar consecutivos por esta película, hace una actuación soberbia donde muestra muy diferentes registros, dotándole de veracidad al personaje y empatizando con el espectador desde el primer segundo que sale. A su lado está Denzel Washington el cual construye un personaje que pasa de tener nuestra animadversión a que le apoyemos solo jugando con su actitud ante la cámara.
Algo muy importante a recalcar del personaje de Denzel Washington es su integridad moral y sus principios inquebrantables. Aunque vemos cómo cambia su actitud ante los homosexuales, él nunca reniega de sus verdaderos pensamientos. Al final quizá sea menos homófobo, pero sigue siéndolo, y eso no hace que le tengamos menos cariño. La película no habla de lo malo que es ser homófobo, sino de que hay cosas más importantes como la justicia y la tolerancia.

Por último, me gustaría destacar la increíble banda sonora que contiene la película. Aunque todos, yo incluido, recordamos la impresionante canción que Bruce Springsteen compuso para ella, y que ganó el Oscar de ese año (escúchala aquí), la cinta incluye otra gran canción como es Philadelphia de Neil Young (escúchala aquí), que estuvo nominada ese año también. Dos genios de la música no pueden estar equivocados.

En definitiva, Philadelphia constituye un hito dentro del cine por su modo de mostrar de una forma tan natural unos temas tan complicados como el sida y la homosexualidad. La película contiene algunas de las mejores interpretaciones de su década y una de las canciones más recordadas y queridas de la historia del cine; pero lo verdaderamente importante de ella no es nada de eso, es el mensaje de tolerancia y apoyo a lo que nos es desconocido y un canto a la verdadera vocación de abogado, hacer justicia por encima de los ideales y principios que uno tenga. Por favor, disfrutad de esta película una y mil veces, pues su mensaje nunca caduca. Y hacedlo con unas sanas palomitas arcoíris, que se note vuestro apoyo.


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