viernes, 18 de marzo de 2016

Altamira


Arqueología real, sin calaveras de cristal.

Para todas a aquellas personas que de pequeños soñaban con ser arqueólogos esta película supondrá una importante cita con su cine más cercano, pues Altamira nos hará sentir la arqueología de una forma muy especial, tal y como es, con las cosas buenas y malas que ello conlleva. 

1879. María Sautuola y su padre, Marcelino, un arqueólogo aficionado, se topan con un hallazgo extraordinario que cambiará la historia de la humanidad: las primeras pinturas prehistóricas encontradas hasta el momento, unos bisontes y uros pintados en las paredes de la cueva de Altamira. El descubrimiento causó gran revuelo no sólo en la provincia de Santander, sino en todo el país, llegando a oídos de la Iglesia Católica, que consideró esas pinturas como un ataque directo a la fe y a la verdad bíblica.
Sorprendentemente, la comunidad científica, liderada por el prehistoriador francés Émile Cartailhac también acusa de fraude a Marcelino y a su descubrimiento. Será necesario todo su apoyo frente a aquellos que desean ocultar un valioso tesoro, "la Capilla Sixtina de la antigüedad". 

La película nos muestra de una forma bastante fiel un episodio de nuestra historia tan relevante como desconocido, que marcó un punto de inflexión en el conocimiento que teníamos sobre la Prehistoria. Hugh Hudson, director de "Carros de fuego" ha sabido rescatar un episodio vital de nuestra historia científica y traérnoslo de una forma atractiva, haciendo un especial hincapié en el debate entre la fe y la razón, entre la creencia y la ciencia.
Si bien el resultado final podría haber sido una trama excesivamente aburrida o algo totalmente diferente, como una película romántica, en esta ocasión gozamos de una narración apasionante, de un gran trabajo de documentación y, sobretodo, de un gran amor por la historia, el cual está presente en todo momento. En cuanto a las actuaciones, todos sabíamos que Antonio Banderas no iba a defraudar como Marcelino Sanz de Sautuola, no obstante debemos hacer una especial mención sobre la actuación de Allegra Allen (María Justina Sanz de Sautuola) ya que su personaje cobra una especial relevancia y es sobre quien recaen las escenas más impactantes. Ella es quien realmente establece un vínculo con el espectador y quien pone ese punto de "magia" a la trama. Altamira es una historia de amor por el conocimiento y la historia, de lucha por defender la verdad, pero su verdadera importancia no radica en lo buena o no que sea la película, sino en su labor, pues la aparición de ésta, dará a conocer una de las mayores representaciones artísticas de la Humanidad así como de los personajes que contribuyeron a que tal obra se diese a conocer por todo el mundo.

Es el momento de que les devolvamos el favor yendo al cine, comprando unas palomitas y sintiéndonos arqueólogos y arqueólogas mientras nos dejamos seducir por la belleza del arte rupestre.

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