sábado, 20 de febrero de 2016

Brooklyn


La belleza de la sencillez

Hay un tipo de películas que no se pueden definir de otra manera que no sea “bonita”. La película que nos ocupa lo es. ‘Brooklyn’, de John Crowley, es un regalo para los sentidos. En los primeros compases ya muestra sin ambages sus cartas: un ejercicio de belleza.

La película entra por los ojos. Consigue retratar los años cincuenta de una manera dulce y precisa, deleitándose en los momentos justos sin caer en la desidia. La historia es sencilla, todo lo sencillo que puede ser un guion basado en una novela, pero no necesita más. No quiere más. Esa historia sencilla consigue conmover de una manera que el firmante no suele experimentar, y lo consigue con sus interpretaciones. Retrata con mucha humanidad los miedos de todos los que dejan su ciudad de origen por primera vez, pero eso es sólo una de sus múltiples virtudes.

‘Brooklyn’ es una película de mujeres. De mujeres que luchan, que desean agarrar las riendas de su vida todo lo que el momento en el que viven les deja. Las actrices parecen nacidas para estos papeles. Las escenas costumbristas, con diálogos entre “señoritas” son un viaje en el tiempo, con unos papeles tan bien escritos como interpretados y por supuesto, dirigidos. Crowley sabía bien cómo contar lo que quería contar. Lo logra. El mérito es mayor si además, como es el caso, muestra varios ángulos de una realidad, con todo lo bueno y lo malo de aquellos años.

Eilis tiene personalidad, pero también el machismo asumido de aquella época y sufre la ambivalencia de poder por querer a 'medias` muchas veces, por no salirse en la medida de lo posible de lo que se espera de una jovencita. Es en su pueblo vista como una rebelde, pero involuntaria. La película es bonita en todos los sentidos, pero sin maniqueísmo: transporta de una manera tan preciosista y conseguida a la época que no olvida también lo malo, como parte de la vida de los personajes. 

El trabajo de Saoirse Ronan es indescriptible. Parece mentira que la actriz tenga 21 años y aguante el peso del metraje holgadamente. Una muestra de talento personal y de la calidad total de la película; el personaje de Eilis no sería redondo si no se sustentara, además de en talento de Saoirse, en unos diálogos arrolladores que derrochan personalidad e inteligencia. Se nota que el personaje viene de una novela y debe de ser muy buena, porque está magníficamente escrito.


La escenografía, el vestuario, el maquillaje y peluquería… obviamente están a la altura, teniendo un papel igual de importante que el resto. No podían permitirse no estar a la altura del conjunto. No hay demasiado que se pueda reprochar. A veces puede caer en ser una comedia romántica más pasada por el filtro ‘Mad Men’, pero justo cuando empieza a parecerlo vuelve a enderezarse para seguir mostrando los sentimientos de Eili, que es lo que nos importa. Eso y disfrutar de la película con unas buenas palomitas.



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