sábado, 30 de enero de 2016

El Renacido


Morir de pretencioso 

El Renacido’ no titubea a la hora de mostrar sus cartas. Nada más empezar el metraje, Iñárritu nos introduce en el epicentro de un torbellino en forma de batalla, dejando claro al espectador lo que verá durante sus más de dos horas y media.


Sus cimientos son el plano técnico: nos encontramos ante un ejercicio de belleza, unas prácticas majestuosas que el mexicano encara con su habitual pretenciosidad, retorciendo las secuencias y buscando los planos menos usuales para dejar su seña de identidad. La fotografía es para quitarse el sombrero, aunque cierto es que teniendo en cuenta el entorno donde se desarrolla,  muy mal tendría que haberse dado la dirección artística para no sacar partido de ello. El filtro aplicado es el único que podría irle bien.


Las interpretaciones son muy físicas. No termino de entender el bombo que se le está dando, cuando no poseen nada de especial. Leonardo DiCaprio trabaja muy bien, pero como decimos, no se puede decir que tenga una actuación meritoria. Hombre contra naturaleza. El bueno de Leo sufre mucho, pero la carga dramática no es tanta. Los personajes están correctamente definidos, pero debido a un guion simplón y una trama insulsa quedan difuminados por el conjunto.

Cierto es que hay escenas desgarradoras –en todos los sentidos- pero el fallo durante el tan estirado metraje es que la historia que nos están contando la hemos visto mil veces. Uno no deja de pensar que está viendo una suerte de “Kill Bill” con un skin de los bosques de Misuri o “El Último Superviviente en Misuri”. Cuando termina el visionado, los sentimientos son encontrados: por un lado la película es bellísima y excelente desde muchísimos ángulos, pero la historia es tan vacua que el sentimiento es agridulce.  

Una comparación no tan absurda sería conducir un coche destartalado en una autopista de reciente construcción. La vía puede ser sólida, prestar la comodidad suficiente al conductor y dar un servicio óptimo, que si el vehículo con el que transitas por ella está defectuoso, el viaje va a resultar irremediablemente frustrante.

¿Nos encontramos con la película más sobrevalorada en lo que llevamos de 2016? Sin duda. ¿Recomendamos su visionado? No es una mala película, pero no es lo que nos venden, ni de lejos. Iñárritu debería plantearse su manera de hacer películas, aunque primero debería hacer una cura de humildad. 

Como espectador da rabia ver una película magnífica en lo visual y vacua de enjundia. Y aún da más rabia cuando el film lanza el mensaje constante de “Qué bueno soy, mira las vueltas que doy. Oh, ¡cómo ruedo! Mira qué bonito el río.” Compra unas palomitas, ve al cine y ten en cuenta lo que decimos para ayudarte a elegir.


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